domingo, 10 de agosto de 2014

Between angels and insects

Sliema, Malta. Sábado. 8 A.M. Suena la alarma del móvil y me despierto. Una parte de mi cerebro se encuentra aún en la cama, durmiendo plácidamente. La otra, recién levantada, pero está alerta: es el cerebro de reptil, que otea cada rincón de mi habitación, paranoico, buscando una posible amenaza. Todo parece limpio. Entro en el baño: despejado. La ducha refrescante despierta la mitad restante de mi cerebro y me prepara para un duro sábado trabajando, intentando avanzar lo más posible en los cambios de última hora en el diseño del interfaz para la entrega del jueves. Procedo a abrir la ventana del lavabo, para dejar escapar la humedad. Y en ese mismo momento, desnudo, confiado y vulnerable es cuando aparece, como si hubiera estado esperando el momento idóneo para emboscarme. ¡Lo sabía! ¡Sabía que habría más! ¡Maldita cucaracha! Incluso con una rejilla anti insectos ha logrado entrar la muy hija de puta. Es absurdo, pero no puedo hacer nada sin ropa, el simple pensamiento de que ese amenazante bicho de cinco centímetros de longitud entre en contacto con mi piel me sobrepasa. Sin dejar de mirarla a los ojos, retrocedo lentamente hasta la puerta y la cierro detrás de mi, suavemente, no vayamos a ponerla nerviosa.

Tras vestirme rápidamente y armarme con una zapatilla y una revista de propaganda de muebles, vuelvo a entrar en el baño, armado de valor: a veces hay que actuar drásticamente. Ni rastro de ella. Me acerco otra vez a la ventana, con calma Zen, nada puede perturbarme ahora. ¡Será hija de perra! Vuelve a aparecer moviéndose histéricamente por el poyete, sorteando el rollo de papel higiénico que reservo ahí, hasta pararse desafiándome con su mirada y sus largas antenas. ¡Zasca! ¡Zapatazo! Afortunadamente, la pobre no tiene ninguna posibilidad en la lucha cuerpo a cuerpo con un ser humano. Aún está viva, a pesar de haber sufrido graves daños, así que decido acabar con su sufrimiento aplastándola definitivamente. Pero aún sigue moviendo las antenas. La vuelvo a aplastar y aún sigue moviendo las antenas. Pues nada, a la mierda, así tal cual se va a la basura.

Esto en Madrid no me pasaba.


2 comentarios:

  1. Acabo de conocer tu blog buscando "porque nos dan asco las cucarachas" en Google y me leí tu post "El miedo irracional a las cucarachas y...". Veo que 4 años después sigues teniendo problemas con ellas jajaja. Yo también, no las soporto, además aquí hay 2 variedades de cucarachas: la americana y la alemana. Yuju!!

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  2. Jaja pues sí, aún me dan asco, y aún no sé por qué... En fin... cosas de la vida, ellas no tienen la culpa.

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