viernes, 18 de abril de 2014

A wild adventure walking around Malta

Viernes Santo. Sliema, Malta. El ruido de la lluvia, y los truenos, que aquí suenan bien fuerte, me han despertado a eso de las 12:00, sin resaca, eso es bueno. Tras holgazanear un poco dando vueltas debajo de la nórdica decido levantarme. Nada más poner los pies en el frío suelo me encuentro de frente con una Pelusa-Critter nivel 17. Así que, ya que no me quedan pokèbolas para capturala, tomo la determinación de barrer la mazmorra (ya iba siendo hora) y deshacerme de ella tirándola a la basura. 

Pelusa-Critter, Pokèmon tipo Polvo. Defensa 3, Ataque 0

¿Qué hacer? Son casi las 13:00 ya. El sol ha vuelto a salir, y mi estómago comienza a pensar en comer. Pues nada, decido salir a la calle, así, sin más, a caminar y vivir aventuras. Cojo mi móvil cargado de MP3, mi mariconera con un par de Mars, pastillas anti-histamínicas y mi espada mágica invisible y me echo a las calles maltesas. Mi objetivo caminar hasta encontrar un sitio interesante donde comer por menos de 10€,  tal vez una procesión (quizá ya es demasiado tarde) o, simplemente, algo que hacer.

Nada  mejor que música geek para pasear en solitario
Jim Guthrie, BSO de Indie Game: The Movie
Dale al Play para ambientar la historia

El mapa de mi épica aventura de viernes santo, comenzando en la casita
de abajo a la derecha
Rojo - Camino de Ida
 Azul - Camino de vuelta
Inicio mi camino subiendo la cuesta adyacente a mi calle, para luego bajar, hacia la costa norte de Sliema (1). Al llegar a ella noto la brisa marina, el olor a marisco a la plancha, la luz del sol, y guiris por doquier. La hamburguesería New York Best, está ahí, tentándome con sus deliciosas hamburguesas, con salsas varias y patatas fritas con piel... Pero no, ya he ido un par de veces ahí y está cerca de casa, puedo ir en cualquier otro momento. A lo largo del paseo marítimo, contemplo las playas rocosas totalmente vacías, ni un alma tiene agallas a bañarse aquí hoy (no es que haga mucho calor, todo hay que decirlo). Y en el camino, observando el mar golpear contra las rocas, se me ocurre un nuevo objetivo, quizá más interesante, para este viaje: buscar mi retiro Zen particular, un lugar donde relajarme, disfrutar del aire y la tranquilidad, y llevar mi tableta con internet 3G para, qué se yo ¿escribir mi novela? Tal vez encuentre esa pequeña medida de paz que todos buscamos (minipunto para el que coja la referencia).

El oeste de Sliema visto desde el otro lado de Balluta Bay
Tras seguir caminando por la costa y pasar por Balluta Bay (2), aún no he encontrado ningún sitio donde comer que me haya parecido atractivo o barato, y estoy llegando a San Giljan (Saint Julian o como gustéis), el extraño monumento con las letras LOVE invertidas al borde de la costa de Spinola Bay señala el lugar (3). Esta es una de las zonas con más vida de la ciudad, con muchos restaurantes y pubs, y que alberga Paceville (4), la zona donde miles de jóvenes malteses y turistas desfasados (yo incluido, he de reconocer) se dejan el hígado, noche tras noche en pintas de CISK (la cerveza local) y copas (copitas más bien) de 2-3€. Hoy, a estas horas casi todo está prácticamente cerrado, pero aún así, se respira mucho más movimiento y hay bastantes más personas merodeando las calles. De camino a Paceville, como de casualidad, escondido entre pastizzerias, y restaurantes italianos, encuentro a mi izquierda un pequeño Take Away Oriental llamado Yuu que, aunque vacío, tiene bastante buena pinta y huele bien. Hecho. Me tomo unos noodles with beef and black bean sauce, que me han dejado muy satisfecho para el precio. Muy rico, apuntado para otro día.

La iglesia situada en Balluta bay

La calle que sube desde Spinola Bay hacia Paceville.
Ahí está Yuu, justo después del restaurante del toldo blanco.
Pero aún no he encontrado mi retiro espiritual. Sí, hay sitios tranquilos, pero ninguno especial. Así que continúo mi viaje hacia lo desconocido (en realidad hasta ahora no hay nada que no haya visto ya, pero bueno) y atravieso la bahía de San Georg: la única playa de arena que hay en la zona (artificial, por supuesto, y muy canija) (5) y avanzo por la costa dejando a mi derecha unos complejos hoteleros de estos que ya me gustaría a mí. Aquí se encuentra el final de la civilización en esta parte de la ciudad. Más allá costa rocosa, y otras ciudades ya demasiado lejos para ir andando a estas alturas... A mi lado, casi sin darme cuenta encuentro Pembroke Gardens (6), unos jardines chiquititos muy bien cuidados, con césped, riachuelo y cascadas de roca. Muy Zen, la verdad. Tal vez sea lo que busco, tal vez... Tengo que probarlo algún día. Además hay autobuses desde Sliema

Pembroke Gardens (descargada de Google. Menudo desastre soy, nunca hago
las fotos importantes). En Google Maps hay una vista 360 grados
Así que ahora, alcanzado el final de la ciudad por este lado, se plantea un dilema, ¿volver a casa o seguir mi camino por otro lado? Mientras me acerco a la parada del autobús, pensando en qué hacer, reparo en una estructura lejana, tal vez una torre de una iglesia, un fortín medieval, o ¿quién sabe? Como la montaña lejana de Journey, me llama, me siento atraído, necesito averiguarlo. Así que me aproximo un poco para verlo desde más cerca y hacer una foto (ahora sí). Hay un largo camino, no queda otra que dar un gran rodeo, de tal vez 2 o 3 kilómetros, y ni siquiera sé si me podré acercar suficiente, pero ¿qué diablos? ¡Estoy en Malta! Así que me lanzo a caminar con valentía y tesón por una carreterucha rodeada de palmeritas (7). Mientras, empiezo a plantearme cómo describiré en mi blog esta épica aventura. ¿Por dónde empezar? ¡Habrá tanto que contar!

Decidme que no era un objetivo interesante llegar hasta allí
Unos treinta segundos de caminata épica después, comienzo a notar gotas de lluvia helada en mi cara. Ante la perspectiva, no sólo de acabar calado hasta el tuétano, sino de que un rayo me parta por la mitad (las palmeras no son mucho más altas que yo y no hay casas alrededor que me protejan ¡y no veas cómo sonaban los truenos esta mañana!) doy la vuelta y camino en la otra dirección, alejándome de la peligrosa tormenta ¡A la mierda mi valentía y mi espíritu aventurero! Me voy a casa. Pero como castigo, me vuelvo a pata. 

Como se observa en esta foto y en la anterior, aquí en Malta
la naturaleza salvaje se funde con lo urbano. Y digo salvaje, porque suele estar totalmente
dejada de la mano de dios, y digo se funde, porque si te acercas a mirar puedes encontrar
todo tipo de escombros y deshechos entre la maleza
Pocos metros de regreso, me doy cuenta de que sigo pegado a la playa de San Georg, ¡qué fácil es desorientarse aquí! Y que aquella torre, estructura, lo que sea, de hecho, está al lado de Paceville, y debe ser un hotel, por lo que además pierde el interés. En fin, que recorro Paceville de vuelta hasta Balluta Bay de nuevo y, esta vez, tomo el camino corto: la calle Manwel Dimech (8), que me lleva directo hasta la zona de Sliema donde vivo. Tras un rato de caminar, encuentro en una calle a mi izquierda la Bat Señal, el símbolo de que ya estoy cerca, y me arrastro finalmente de nuevo a mi cubil, después de andar unos 10 Km según Google, para escribir esta intrascendente historia (sí, el título puede llevar a falsas expectativas, pero esto es Malta, no la Tierra Media). ¿Os he dicho que he visto gatos? Bueno, ya hablaré de los gatos en otro momento.

La calle Manwel Dimech, entrando desde Balluta
La Bat Señal, de hecho, señala una tienda de cómics, que tengo fichada desde hace tiempo.
Aún no he ido, y hoy estaba cerrada, pero tarde o temprano acabaré allí, está claro. 

2 comentarios:

  1. Cagon to! Que habías escrito y no me había enterado. Voy a tener que empezar a usar rss´s de esos para estar al día.

    Muy molona tu épica aventura y me has hecho frikear un poco para ganar el mini punto.

    Por cierto, que el retiro Zen espiritual está en tu interior. La gente dice que hay que irse al Tibet para encontrarlo, pero y el que no tiene dinero qué? Sólo pueden encontrarlo los que tienen pasta?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy cierto, pero oye, que nada te impide irte al Tibet a pata (o a dedo).

      En cualquier caso, creo que al final eso del retiro espiritual sí que está hecho para ricachones sin nada que hacer. Por que por mucha paz que encuentres un domingo, el lunes tienes que ir a trabajar y se acabó la paz...

      Eliminar