sábado, 15 de marzo de 2014

Finally, at Malta


Un episodio de C.S.I. en italiano perturba el silencio de nuestra casa situada en Ta'Xbiex. En este modesto barrio maltés no hay mucho movimiento a estas horas de la noche. Me trae recuerdos de los días que pasábamos en el chalet de mis abuelos en Cerro Alarcón por navidades cuando éramos pequeños. Una casa fría, de esas en las que siempre tienes las manos heladas (aquí no suele haber calefacción), antigua, con esa decoración basada en muebles muy historiados y viejos de madera, y mi cama: un diminuto catre en el que el colchón viejo y crujiente se ve envuelto en unas sábanas y una colcha estampadas en cuadrados redondeados de tonos marrones y naranjas, terriblemente feas ¿años sesenta tal vez? Pero sobretodo me llama la atención el silencio. Ese silencio desesperante, ni siquiera se oyen grillos, sólo la vieja televisión analógica, y las incesantes pulsaciones en los teclados de los ordenadores que cada uno de los 5 habitantes de este enorme piso portamos. Después de todo, estamos en el Siglo XXI.

Triq Giusseppe Cali en Ta'Xbiex. Mi actual calle.

Aunque en Malta el tiempo parece haberse detenido en la España rural de hace 30 años (al contrario que España, que parece haberse detenido en la España rural de hace 50 años). Para un recién llegado como yo, casi todo me resulta viejo y descuidado, los conductores cometen todo tipo de imprudencias (además de conducir por el lado opuesto). Y a partir de las 7 pocas cosas quedan abiertas, sólo algunos restaurantes y bares. Lo cual resultó un verdadero inconveniente a la hora de comprar las pocas cosas que necesitaba para mi supervivencia, como una toalla para poder ducharme. Cuando salgo del trabajo todo está cerrado.

Y orientarse aquí es un caos absoluto. Las diminutas calles se amontonan unas contra otras y te puedes encontrar el mar en casi cualquier dirección posible debido a su orografía. Es una isla muy rocosa, con muchos desniveles y no llueve muy a menudo (o eso me han dicho) pero cuando ocurre, en muy poco tiempo se pueden ver grandes inundaciones, sobre todo en los paseos marítimos, donde desembocan todas las aguas de lluvia. Los días con lluvia resultan más tristes de lo habitual, porque aquí cuando el cielo se abre, todo es muy distinto. Un enorme cielo azul y un sol penetrante que se refleja en los edificios, casi todos de colores claros, bañando las calles y cegando la visión. A las puertas de Valetta, uno se siente como en una novela de fantasía épica. Como un personaje de Juego de Tronos llegando a Desembarco del Rey. Es una ciudad rodeada de gigantes murallas, construida en lo alto de un peñón, diseñada para ser inexpugnable. Espectacular. No es de extrañar que muchas películas se rueden por la zona.

Paseo marítimo al norte de Sliema, uno de los centros turísticos de la zona

Valetta, vista desde el Upper Barrakka Garden
La vida nocturna no es muy distinta de lo que estamos acostumbrados en España. Alcohol, música estridente y locales abarrotados. Pero ya hablaré de eso más adelante, es mi segundo fin de semana aquí y aún me queda mucho tiempo.