sábado, 8 de febrero de 2014

Card games


Centro de Oxford, 10:30 A.M.

Tras escuchar hablar a Keith, sin prácticamente entender nada de lo que dice, me doy cuenta de que todos me están mirando y que ya es mi turno. No sin sentirme un poco avergonzado levanto y muestro mi carta, escogida casi por azar. En ella hay escrito un número 40 en letras grandes, y en el dorso, el dibujo simplificado de una cabra sobre un monte que representa la marca del fabricante: Mountain Goat Software. Seguidamente, miro a mi alrededor, con cierta curiosidad por ver las cartas que los demás han sacado. Los números rondan entre el 5 y el 13, mucho más bajos que el mío. Entonces sé que me estoy equivocando de largo.


Esto que parece una extraña partida de la carta más alta, es una reunión de planificación. Ese número representa la estimación de la complejidad de una determinada tarea, que en realidad yo no había entendido. Cuando todos los miembros del equipo han enseñado sus cartas, se discute abiertamente sobre la tarea en cuestión, cada uno valorando su dificultad y justificando el número escogido. Yo me limito a asentir con la cabeza como si me estuviera enterando de qué va el asunto. Después se anota el valor acordado en una tarjeta de color blanco junto con la descripción de esa tarea. Y tras repetir eso un par de veces con las distintas tareas del día, ¡hala! ¡a programar!

El lugar donde trabajo es una empresa bastante grande que se toma bastante en serio las llamadas metodologías ágiles para organizar el trabajo. A los privilegiados que nos vamos a Malta nos han colocado en una sala aparte, y se supone que no debemos hablar con el resto del equipo si no es por Skype, una forma de probar el funcionamiento del equipo por separado, antes de enviarlo al otro lado de Europa. En general tratan muy bien a los empleados, hay fruta y bebidas de todo tipo para los trabajadores de forma gratuita, y el horario es libre, siempre que cumplas tus horas.


Oxford es una ciudad pequeña, con una arquitectura pintoresca al más puro estilo Harry Potter. Pero ni siquiera aquí se puede desprender uno del aroma Español. La mayoría de pubs, tienen grifo de San Miguel, e incluso, hay un par de cadenas de bares pseudo-españoles que ofrecen litronas de Mahou al simpático precio de 7,5 libras. Yo vivo en un alojamiento proporcionado por la empresa: una "modesta" casita de tres pisos, 3 habitaciones, 4 baños, salón y comedor, situada junto una de las zonas de bares más concurrida, a 20 minutos del trabajo yendo a pie. No me puedo quejar, en absoluto.


Así que salvo por el tiempo (frío y con mucho viento) y la comida, estaría casi mejor que en casa. Las frutas y verduras son pequeñas e insípidas, la carne no suele tener muy buen aspecto tampoco, y abundan las comidas pre-cocinadas. Como yo como de todo, no estoy a disgusto, pero tal vez acabe cansándome. Lo bueno es que en general no es muy caro comer, hay sitios baratos, o puestos callejeros donde por 3 o 4 libras se come decentemente. Nada exquisito, pero al menos variado.

En fin, una semana menos, quedan 3.

2 comentarios:

  1. Vaya Enrique acabo de leer tu entrada y me he quedado gratamente sorprendido. Además de programar bien escribes estupendamente! Enhorabuena!! Ambas cosas son importantes :-). Además, ya veo que te va bien por allí. Paciencia porque a lo que realmente tendrás que acostumbrarte es a Malta, no a Oxford, y yo creo que es más fácil :-)
    Un abrazo!

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  2. Gracias! Jejeje, mientras consiga superar la barrera idiomática no habrá problemas creo yo...

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