lunes, 3 de febrero de 2014

Arrival

El avión se comporta más parecido a un pájaro recién nacido aprendiendo a volar, que como la supuesta máquina cuasi-perfecta que es. El suelo cada vez parece más cerca y la señora que tengo a mi izquierda se agarra histéricamente al asiento a la vez que yo me aprieto más fuerte el cinturón de seguridad, como si eso me fuera a salvar la vida… Sin embargo, la sensación de que estoy a punto de morir es extrañamente placentera, será la adrenalina, pero no puedo evitar sonreír como un idiota entusiasmado mientras el ataúd alado en el que viajo se precipita a toda velocidad hacia su fatal destino.

Así que, tras un suave aterrizaje, ¡estoy en Londres! Como ya he ido otras veces (y seguramente vosotros también), no voy entrar a detallaros como es el centro neurálgico del Reino Unido, sólo un resumen rápido: Calles sucias, comida basura, ricos dulces, un transporte público excepcionalmente caro para un español, y mi primer pensamiento nada más llegar: "¡La hostia que frío hace!"

Aunque la verdad, los tres días que he pasado en casa de mi hermano han tenido un poco de todo: Quedada con viejos amigos del máster, una pelea en pub, una paella cocinada por húngaros sorprendentemente decente, un recorrido en moto por Londres, las bonitas vistas de una estación eléctrica monumentalmente grande que convertirá en un complejo residencial con parque en la azotea digno de los sueños más húmedos de "El Pocero"… Bueno, lo normal aquí, según parece, casi como en casa.

Que se vea que en Inglaterra también saben dar pelotazos como en España

Y nada, mientras escribo estas líneas me estoy desplazando a unos 90KM/h en el piso superior de un autobús de dos plantas observando una bonita vista de la verdosa campiña inglesa con un cielo gris oscuro, como no podía ser de otra forma. Pronto llegaré a Oxford, donde hoy comenzaré mi nuevo trabajo y conoceré el lugar que será mi casa durante un mes… Crucemos los dedos

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