domingo, 10 de agosto de 2014

Between angels and insects

Sliema, Malta. Sábado. 8 A.M. Suena la alarma del móvil y me despierto. Una parte de mi cerebro se encuentra aún en la cama, durmiendo plácidamente. La otra, recién levantada, pero está alerta: es el cerebro de reptil, que otea cada rincón de mi habitación, paranoico, buscando una posible amenaza. Todo parece limpio. Entro en el baño: despejado. La ducha refrescante despierta la mitad restante de mi cerebro y me prepara para un duro sábado trabajando, intentando avanzar lo más posible en los cambios de última hora en el diseño del interfaz para la entrega del jueves. Procedo a abrir la ventana del lavabo, para dejar escapar la humedad. Y en ese mismo momento, desnudo, confiado y vulnerable es cuando aparece, como si hubiera estado esperando el momento idóneo para emboscarme. ¡Lo sabía! ¡Sabía que habría más! ¡Maldita cucaracha! Incluso con una rejilla anti insectos ha logrado entrar la muy hija de puta. Es absurdo, pero no puedo hacer nada sin ropa, el simple pensamiento de que ese amenazante bicho de cinco centímetros de longitud entre en contacto con mi piel me sobrepasa. Sin dejar de mirarla a los ojos, retrocedo lentamente hasta la puerta y la cierro detrás de mi, suavemente, no vayamos a ponerla nerviosa.

Tras vestirme rápidamente y armarme con una zapatilla y una revista de propaganda de muebles, vuelvo a entrar en el baño, armado de valor: a veces hay que actuar drásticamente. Ni rastro de ella. Me acerco otra vez a la ventana, con calma Zen, nada puede perturbarme ahora. ¡Será hija de perra! Vuelve a aparecer moviéndose histéricamente por el poyete, sorteando el rollo de papel higiénico que reservo ahí, hasta pararse desafiándome con su mirada y sus largas antenas. ¡Zasca! ¡Zapatazo! Afortunadamente, la pobre no tiene ninguna posibilidad en la lucha cuerpo a cuerpo con un ser humano. Aún está viva, a pesar de haber sufrido graves daños, así que decido acabar con su sufrimiento aplastándola definitivamente. Pero aún sigue moviendo las antenas. La vuelvo a aplastar y aún sigue moviendo las antenas. Pues nada, a la mierda, así tal cual se va a la basura.

Esto en Madrid no me pasaba.


viernes, 18 de abril de 2014

A wild adventure walking around Malta

Viernes Santo. Sliema, Malta. El ruido de la lluvia, y los truenos, que aquí suenan bien fuerte, me han despertado a eso de las 12:00, sin resaca, eso es bueno. Tras holgazanear un poco dando vueltas debajo de la nórdica decido levantarme. Nada más poner los pies en el frío suelo me encuentro de frente con una Pelusa-Critter nivel 17. Así que, ya que no me quedan pokèbolas para capturala, tomo la determinación de barrer la mazmorra (ya iba siendo hora) y deshacerme de ella tirándola a la basura. 

Pelusa-Critter, Pokèmon tipo Polvo. Defensa 3, Ataque 0

¿Qué hacer? Son casi las 13:00 ya. El sol ha vuelto a salir, y mi estómago comienza a pensar en comer. Pues nada, decido salir a la calle, así, sin más, a caminar y vivir aventuras. Cojo mi móvil cargado de MP3, mi mariconera con un par de Mars, pastillas anti-histamínicas y mi espada mágica invisible y me echo a las calles maltesas. Mi objetivo caminar hasta encontrar un sitio interesante donde comer por menos de 10€,  tal vez una procesión (quizá ya es demasiado tarde) o, simplemente, algo que hacer.

Nada  mejor que música geek para pasear en solitario
Jim Guthrie, BSO de Indie Game: The Movie
Dale al Play para ambientar la historia

El mapa de mi épica aventura de viernes santo, comenzando en la casita
de abajo a la derecha
Rojo - Camino de Ida
 Azul - Camino de vuelta
Inicio mi camino subiendo la cuesta adyacente a mi calle, para luego bajar, hacia la costa norte de Sliema (1). Al llegar a ella noto la brisa marina, el olor a marisco a la plancha, la luz del sol, y guiris por doquier. La hamburguesería New York Best, está ahí, tentándome con sus deliciosas hamburguesas, con salsas varias y patatas fritas con piel... Pero no, ya he ido un par de veces ahí y está cerca de casa, puedo ir en cualquier otro momento. A lo largo del paseo marítimo, contemplo las playas rocosas totalmente vacías, ni un alma tiene agallas a bañarse aquí hoy (no es que haga mucho calor, todo hay que decirlo). Y en el camino, observando el mar golpear contra las rocas, se me ocurre un nuevo objetivo, quizá más interesante, para este viaje: buscar mi retiro Zen particular, un lugar donde relajarme, disfrutar del aire y la tranquilidad, y llevar mi tableta con internet 3G para, qué se yo ¿escribir mi novela? Tal vez encuentre esa pequeña medida de paz que todos buscamos (minipunto para el que coja la referencia).

El oeste de Sliema visto desde el otro lado de Balluta Bay
Tras seguir caminando por la costa y pasar por Balluta Bay (2), aún no he encontrado ningún sitio donde comer que me haya parecido atractivo o barato, y estoy llegando a San Giljan (Saint Julian o como gustéis), el extraño monumento con las letras LOVE invertidas al borde de la costa de Spinola Bay señala el lugar (3). Esta es una de las zonas con más vida de la ciudad, con muchos restaurantes y pubs, y que alberga Paceville (4), la zona donde miles de jóvenes malteses y turistas desfasados (yo incluido, he de reconocer) se dejan el hígado, noche tras noche en pintas de CISK (la cerveza local) y copas (copitas más bien) de 2-3€. Hoy, a estas horas casi todo está prácticamente cerrado, pero aún así, se respira mucho más movimiento y hay bastantes más personas merodeando las calles. De camino a Paceville, como de casualidad, escondido entre pastizzerias, y restaurantes italianos, encuentro a mi izquierda un pequeño Take Away Oriental llamado Yuu que, aunque vacío, tiene bastante buena pinta y huele bien. Hecho. Me tomo unos noodles with beef and black bean sauce, que me han dejado muy satisfecho para el precio. Muy rico, apuntado para otro día.

La iglesia situada en Balluta bay

La calle que sube desde Spinola Bay hacia Paceville.
Ahí está Yuu, justo después del restaurante del toldo blanco.
Pero aún no he encontrado mi retiro espiritual. Sí, hay sitios tranquilos, pero ninguno especial. Así que continúo mi viaje hacia lo desconocido (en realidad hasta ahora no hay nada que no haya visto ya, pero bueno) y atravieso la bahía de San Georg: la única playa de arena que hay en la zona (artificial, por supuesto, y muy canija) (5) y avanzo por la costa dejando a mi derecha unos complejos hoteleros de estos que ya me gustaría a mí. Aquí se encuentra el final de la civilización en esta parte de la ciudad. Más allá costa rocosa, y otras ciudades ya demasiado lejos para ir andando a estas alturas... A mi lado, casi sin darme cuenta encuentro Pembroke Gardens (6), unos jardines chiquititos muy bien cuidados, con césped, riachuelo y cascadas de roca. Muy Zen, la verdad. Tal vez sea lo que busco, tal vez... Tengo que probarlo algún día. Además hay autobuses desde Sliema

Pembroke Gardens (descargada de Google. Menudo desastre soy, nunca hago
las fotos importantes). En Google Maps hay una vista 360 grados
Así que ahora, alcanzado el final de la ciudad por este lado, se plantea un dilema, ¿volver a casa o seguir mi camino por otro lado? Mientras me acerco a la parada del autobús, pensando en qué hacer, reparo en una estructura lejana, tal vez una torre de una iglesia, un fortín medieval, o ¿quién sabe? Como la montaña lejana de Journey, me llama, me siento atraído, necesito averiguarlo. Así que me aproximo un poco para verlo desde más cerca y hacer una foto (ahora sí). Hay un largo camino, no queda otra que dar un gran rodeo, de tal vez 2 o 3 kilómetros, y ni siquiera sé si me podré acercar suficiente, pero ¿qué diablos? ¡Estoy en Malta! Así que me lanzo a caminar con valentía y tesón por una carreterucha rodeada de palmeritas (7). Mientras, empiezo a plantearme cómo describiré en mi blog esta épica aventura. ¿Por dónde empezar? ¡Habrá tanto que contar!

Decidme que no era un objetivo interesante llegar hasta allí
Unos treinta segundos de caminata épica después, comienzo a notar gotas de lluvia helada en mi cara. Ante la perspectiva, no sólo de acabar calado hasta el tuétano, sino de que un rayo me parta por la mitad (las palmeras no son mucho más altas que yo y no hay casas alrededor que me protejan ¡y no veas cómo sonaban los truenos esta mañana!) doy la vuelta y camino en la otra dirección, alejándome de la peligrosa tormenta ¡A la mierda mi valentía y mi espíritu aventurero! Me voy a casa. Pero como castigo, me vuelvo a pata. 

Como se observa en esta foto y en la anterior, aquí en Malta
la naturaleza salvaje se funde con lo urbano. Y digo salvaje, porque suele estar totalmente
dejada de la mano de dios, y digo se funde, porque si te acercas a mirar puedes encontrar
todo tipo de escombros y deshechos entre la maleza
Pocos metros de regreso, me doy cuenta de que sigo pegado a la playa de San Georg, ¡qué fácil es desorientarse aquí! Y que aquella torre, estructura, lo que sea, de hecho, está al lado de Paceville, y debe ser un hotel, por lo que además pierde el interés. En fin, que recorro Paceville de vuelta hasta Balluta Bay de nuevo y, esta vez, tomo el camino corto: la calle Manwel Dimech (8), que me lleva directo hasta la zona de Sliema donde vivo. Tras un rato de caminar, encuentro en una calle a mi izquierda la Bat Señal, el símbolo de que ya estoy cerca, y me arrastro finalmente de nuevo a mi cubil, después de andar unos 10 Km según Google, para escribir esta intrascendente historia (sí, el título puede llevar a falsas expectativas, pero esto es Malta, no la Tierra Media). ¿Os he dicho que he visto gatos? Bueno, ya hablaré de los gatos en otro momento.

La calle Manwel Dimech, entrando desde Balluta
La Bat Señal, de hecho, señala una tienda de cómics, que tengo fichada desde hace tiempo.
Aún no he ido, y hoy estaba cerrada, pero tarde o temprano acabaré allí, está claro. 

sábado, 15 de marzo de 2014

Finally, at Malta


Un episodio de C.S.I. en italiano perturba el silencio de nuestra casa situada en Ta'Xbiex. En este modesto barrio maltés no hay mucho movimiento a estas horas de la noche. Me trae recuerdos de los días que pasábamos en el chalet de mis abuelos en Cerro Alarcón por navidades cuando éramos pequeños. Una casa fría, de esas en las que siempre tienes las manos heladas (aquí no suele haber calefacción), antigua, con esa decoración basada en muebles muy historiados y viejos de madera, y mi cama: un diminuto catre en el que el colchón viejo y crujiente se ve envuelto en unas sábanas y una colcha estampadas en cuadrados redondeados de tonos marrones y naranjas, terriblemente feas ¿años sesenta tal vez? Pero sobretodo me llama la atención el silencio. Ese silencio desesperante, ni siquiera se oyen grillos, sólo la vieja televisión analógica, y las incesantes pulsaciones en los teclados de los ordenadores que cada uno de los 5 habitantes de este enorme piso portamos. Después de todo, estamos en el Siglo XXI.

Triq Giusseppe Cali en Ta'Xbiex. Mi actual calle.

Aunque en Malta el tiempo parece haberse detenido en la España rural de hace 30 años (al contrario que España, que parece haberse detenido en la España rural de hace 50 años). Para un recién llegado como yo, casi todo me resulta viejo y descuidado, los conductores cometen todo tipo de imprudencias (además de conducir por el lado opuesto). Y a partir de las 7 pocas cosas quedan abiertas, sólo algunos restaurantes y bares. Lo cual resultó un verdadero inconveniente a la hora de comprar las pocas cosas que necesitaba para mi supervivencia, como una toalla para poder ducharme. Cuando salgo del trabajo todo está cerrado.

Y orientarse aquí es un caos absoluto. Las diminutas calles se amontonan unas contra otras y te puedes encontrar el mar en casi cualquier dirección posible debido a su orografía. Es una isla muy rocosa, con muchos desniveles y no llueve muy a menudo (o eso me han dicho) pero cuando ocurre, en muy poco tiempo se pueden ver grandes inundaciones, sobre todo en los paseos marítimos, donde desembocan todas las aguas de lluvia. Los días con lluvia resultan más tristes de lo habitual, porque aquí cuando el cielo se abre, todo es muy distinto. Un enorme cielo azul y un sol penetrante que se refleja en los edificios, casi todos de colores claros, bañando las calles y cegando la visión. A las puertas de Valetta, uno se siente como en una novela de fantasía épica. Como un personaje de Juego de Tronos llegando a Desembarco del Rey. Es una ciudad rodeada de gigantes murallas, construida en lo alto de un peñón, diseñada para ser inexpugnable. Espectacular. No es de extrañar que muchas películas se rueden por la zona.

Paseo marítimo al norte de Sliema, uno de los centros turísticos de la zona

Valetta, vista desde el Upper Barrakka Garden
La vida nocturna no es muy distinta de lo que estamos acostumbrados en España. Alcohol, música estridente y locales abarrotados. Pero ya hablaré de eso más adelante, es mi segundo fin de semana aquí y aún me queda mucho tiempo.

domingo, 23 de febrero de 2014

Fast food at Oxford

Mucho se quejan los españoles de la comida inglesa: que si es mala, que si insana, que si no hay buenos ingredientes, blah, blah, blah. Pero aún siendo cierto, la culpa de comer mal es nuestra y sólo nuestra, aunque se vea frecuentemente animada por la gran oferta de comida rápida que hay por aquí. Pues de eso va a tratar este post. ¿No sabes dónde malcomer en Oxford? Aquí tienes unas cuantas opciones:

Opción Nº 1: Tesco

Precio: 1-3£
Calidad: No muy chunga
Cantidad: Suficiente
Velocidad: Muy rápido

El Tesco es como el supermercado Día de aquí: barato, cutre y lleno de gente joven sin recursos. Es bastante habitual que en el descanso para comer del trabajo, se llene de ingleses que se apoderan de un triste sandwich y patatas fritas o chocolatinas para amenizarlo. Hay mucha oferta de dulces con crema de cacahuete y cookies con mantequilla, difíciles de encontrar en España pero muy ricas. Sin embargo, lo que a mi más me gusta del Tesco son los Noodles. Una especie de sopa con pasta estilo oriental que se hacen en un par de minutos si tienes agua hirviendo (como es el caso de nuestra oficina). Hay varias marcas, pero, personalmente me gusta King Pot Noodle (ahora estaban de oferta a 1£), que los tienen en muchos colores: amarillo, verde, rojo, azul y negro. Mi favorita es la amarilla.

El KitKat con mantequilla de cacahuete es una verdadera delicia
Estos Noodles, en concreto, no me gustaron nada... Las patas con cheddar y
cebolla roja bien

Opción Nº 2: Momo and rice

Precio: 3-4£
Calidad: No muy chunga
Cantidad: Suficiente
Velocidad: A veces hay cola, y no son muy rápidos en servir

Los miércoles y jueves puedes visitar el mercado de Gloucester Green para encontrar una gran variedad de productos gastronómicos de diversos países. Lo más popular son los puestos de comida oriental, en los que venden dumplings de toda clase para llevar. Momo and rice es un puestecillo ambulante, no sabría decir de qué país es originario (rasgos asiáticos), pero tiene una más que interesante oferta en la que puedes mezclar unos dumplings llamados Momos y arroz a 3,5£. Puedes pedir el arroz con verduras o con bacon, y los Momos, de cerdo, pollo o verduras, que vienen acompañados por una salsa tomatosa, y/o salsa de soja al gusto (cuidado de no confundir el bote de salsa de soja con el de vinagre).

El mercado de Gloucester Green en todo su esplendor. Por ahí se entrevé el
puesto de Momo and rice
Que conste que no está tan malo como parece en la foto

Opción Nº3: Piemininster

Precio: 4-6£
Calidad: Buena
Cantidad: Mucha si lo juntas todo, los pies son bastante contundentes.
Velocidad: A veces hay cola, pero sirven bastante rápido

En pleno corazón del Covered Market de Oxford, se encuentra esta cadena de restaurantes llamada Pieminister. Su especialidad: pastelitos de hojaldre rellenos de lo que sea: pollo, carne, verduras, setas... Lo puedes amenizar con mash (puré de patatas), gravy (una especie de salsa de carne muy sabrosa), queso y guisantes. Los martes hay una oferta llamada "Pie and mash", en la que te juntan todo en un paquetito para llevar por 6£ (recientemente lo subieron de precio debido a su popularidad, antes eran 5£).

¡Mmmm! Pie bañado en delicioso gravy
Que conste que esta foto no es mía

Opción Nº4: The Oxford Sandwich Company

Precio: 2,5-3£
Calidad: Decente
Cantidad: Te quedas con hambre
Velocidad: La señora se toma su tiempo, y sólo suele estar ella, así que si pillas cola puede tardar bastante

También en el Covered Market puedes encontrar un puesto en el que una amable señora con sobrepeso prepara bocadillos de ingredientes variados en mini-baguettes, bajo el nombre de The Oxford Sandwich Company. No tienen bocata de calamares, pero el panini (así es como llaman a los bocadillos calientes) de bacon con queso brie y tomate, no está nada mal.

Esta foto también está cedida por Internet. De hecho ya no hay más fotos mías.
Se me olvidó hacerlas, el hambre es muy peligrosa.
¡Si en Internet hay de todo ya! ¿Para qué molestarme?

Opción Nº5: Kebab kid

Precio: 4-5£
Calidad: Te puedes hacer una idea
Cantidad: Mucha
Velocidad: Podría ser peor

No podía faltar la franquicia de comida turca de turno. Kebab Kid es una cadena bastante exitosa, con un logotipo de esos que inspiran confianza, que te lo encuentras cada dos por tres aquí en Oxford. Como no podía ser de otra forma, incluye una gran variedad de especialidades exclusivamente turcas como hamburguesas, pizzas y patatas fritas (también tienen kebab). Todo muy especiado y con ese delicioso aroma a fast-food que tanto nos gusta.

Es como una especie de Elvis Turco

Opción Nº6: Chicken Cottage

Precio: 4-5£
Calidad: Nula
Cantidad: Poca
Velocidad: Bien

Si lo que te gustan son los pollos hormonados y con cientos de alas y muslos, este es probablemente tu sitio. Chicken Cottage es una especie de Kentucky Fried Chicken de baja categoría que está muy extendido por todo el Reino Unido. Tienen hamburguesas de pechuga de pollo y trozos sueltos, picantes o no. Lo bueno es que si hay un Kentucky al lado, cosa probable, el Chicken Cottage siempre está vacío, por lo que no hay que esperar cola.

Vacío. Eso es bueno, o no, según se mire.

[Actualización] Opción Nº7: Mission Burrito

Precio: 5-6£
Calidad: Decente
Cantidad: Bastante
Velocidad: Bien

¿Cómo lo quieres? ¿De carne mechada, ternera, pollo, o verduras? ¿Con arroz? ¿Con guacamole? ¿Con salsa picante (hay tres a elegir)? ¿Con queso? Totalmente personalizado, así se las gastan en la pequeña cadena Mission Burrito que se extiende por un par de ciudades inglesas. No muy barato, pero contundente: no esperes ir a jugar al Quidditch después de uno de estos. Me faltaba la comida mejicana en este repaso del fast-food Oxfordiano.

Burrito de carne mechada, con pimientos, arroz, guacamole,
 salsa agria y lechuga (esta foto sí es mía)

Este es uno de los dos Mission Burrito que hay en Oxford (esta no)

Conclusión

Alguno (concretamente Javi) pedía una conclusión general, y, ya que actualizo con lo del burrito, pues la pongo: Lo mejor es ir variando, porque si se te ocurre comer todos los días en el mismo sitio te puedes morir (literalmente, fijo que acabas con problemas de todo tipo). Por supuesto se puede comer mucho mejor, pero más caro y menos fast. Y hay muchos más sitios que no he tenido el tiempo de probar, o de poner aquí, como el sitio de los bocadillos brasileños, además de los conocidos: McDonald's, Burguer King, Kentucky... En fin, lo de siempre, que como una buena tortilla de patatas y un buen jamón serrano no hay nada. Eso sí, algunos dulces me los llevaba a España sin pensarlo.

jueves, 13 de febrero de 2014

May I have one 'deer' please?

Oxford está lleno de ciervos. Los ves por las calles, por el campo, hasta dentro de los edificios. Los vehículos tienen que tener cuidado de no atropellarlos, y muchas veces hay que espantarlos de los cubos de basura para que no lo ensucien todo, siempre amablemente, claro, no se vayan a enfadar. Aunque a veces no lo demuestren, los ciervos entienden muy bien nuestro lenguaje, y algunos hasta saben hablarlo... un momento... no... ¡todo eso fue un sueño! Pero fue un sueño inspirado en un hecho real: Había dos fucking ciervos en el campo de fútbol por el que paso al lado todos los días al ir a trabajar. Allí sentados, tan tranquilos en el mitad del césped, disfrutando de una fresca mañana de Febrero y de una lluvia suave... ¡Qué majos son los ciervos!

Lo siento por la calidad de la foto, desde muy lejos y con un móvil de gama baja.
¡Pero allí estaban! ¡Lo juro!
Todas las mañanas mi compañero de casa (y trabajo) y yo, de camino a la oficina atajamos por un camino al lado de un lago enorme del que casi no se ve el final. No lo encontraréis en Google maps, está ahí temporalmente, ya que es fruto del desborde del río Cherwell (un pequeño afluente del Támesis) sobre lo que antes era un parque, un jardín botánico y varios campos de rugby ahora inundados, que imagino, pertenecen a alguna universidad. Los campos de fútbol de Merton Field, que no han sucumbido a las aguas es donde encontramos a nuestros rumiantes amigos (que mirando bien el mapa, no sé de dónde pudieron venir). Os dejo unas cuantas fotos de la zona:






sábado, 8 de febrero de 2014

Card games


Centro de Oxford, 10:30 A.M.

Tras escuchar hablar a Keith, sin prácticamente entender nada de lo que dice, me doy cuenta de que todos me están mirando y que ya es mi turno. No sin sentirme un poco avergonzado levanto y muestro mi carta, escogida casi por azar. En ella hay escrito un número 40 en letras grandes, y en el dorso, el dibujo simplificado de una cabra sobre un monte que representa la marca del fabricante: Mountain Goat Software. Seguidamente, miro a mi alrededor, con cierta curiosidad por ver las cartas que los demás han sacado. Los números rondan entre el 5 y el 13, mucho más bajos que el mío. Entonces sé que me estoy equivocando de largo.


Esto que parece una extraña partida de la carta más alta, es una reunión de planificación. Ese número representa la estimación de la complejidad de una determinada tarea, que en realidad yo no había entendido. Cuando todos los miembros del equipo han enseñado sus cartas, se discute abiertamente sobre la tarea en cuestión, cada uno valorando su dificultad y justificando el número escogido. Yo me limito a asentir con la cabeza como si me estuviera enterando de qué va el asunto. Después se anota el valor acordado en una tarjeta de color blanco junto con la descripción de esa tarea. Y tras repetir eso un par de veces con las distintas tareas del día, ¡hala! ¡a programar!

El lugar donde trabajo es una empresa bastante grande que se toma bastante en serio las llamadas metodologías ágiles para organizar el trabajo. A los privilegiados que nos vamos a Malta nos han colocado en una sala aparte, y se supone que no debemos hablar con el resto del equipo si no es por Skype, una forma de probar el funcionamiento del equipo por separado, antes de enviarlo al otro lado de Europa. En general tratan muy bien a los empleados, hay fruta y bebidas de todo tipo para los trabajadores de forma gratuita, y el horario es libre, siempre que cumplas tus horas.


Oxford es una ciudad pequeña, con una arquitectura pintoresca al más puro estilo Harry Potter. Pero ni siquiera aquí se puede desprender uno del aroma Español. La mayoría de pubs, tienen grifo de San Miguel, e incluso, hay un par de cadenas de bares pseudo-españoles que ofrecen litronas de Mahou al simpático precio de 7,5 libras. Yo vivo en un alojamiento proporcionado por la empresa: una "modesta" casita de tres pisos, 3 habitaciones, 4 baños, salón y comedor, situada junto una de las zonas de bares más concurrida, a 20 minutos del trabajo yendo a pie. No me puedo quejar, en absoluto.


Así que salvo por el tiempo (frío y con mucho viento) y la comida, estaría casi mejor que en casa. Las frutas y verduras son pequeñas e insípidas, la carne no suele tener muy buen aspecto tampoco, y abundan las comidas pre-cocinadas. Como yo como de todo, no estoy a disgusto, pero tal vez acabe cansándome. Lo bueno es que en general no es muy caro comer, hay sitios baratos, o puestos callejeros donde por 3 o 4 libras se come decentemente. Nada exquisito, pero al menos variado.

En fin, una semana menos, quedan 3.

lunes, 3 de febrero de 2014

Arrival

El avión se comporta más parecido a un pájaro recién nacido aprendiendo a volar, que como la supuesta máquina cuasi-perfecta que es. El suelo cada vez parece más cerca y la señora que tengo a mi izquierda se agarra histéricamente al asiento a la vez que yo me aprieto más fuerte el cinturón de seguridad, como si eso me fuera a salvar la vida… Sin embargo, la sensación de que estoy a punto de morir es extrañamente placentera, será la adrenalina, pero no puedo evitar sonreír como un idiota entusiasmado mientras el ataúd alado en el que viajo se precipita a toda velocidad hacia su fatal destino.

Así que, tras un suave aterrizaje, ¡estoy en Londres! Como ya he ido otras veces (y seguramente vosotros también), no voy entrar a detallaros como es el centro neurálgico del Reino Unido, sólo un resumen rápido: Calles sucias, comida basura, ricos dulces, un transporte público excepcionalmente caro para un español, y mi primer pensamiento nada más llegar: "¡La hostia que frío hace!"

Aunque la verdad, los tres días que he pasado en casa de mi hermano han tenido un poco de todo: Quedada con viejos amigos del máster, una pelea en pub, una paella cocinada por húngaros sorprendentemente decente, un recorrido en moto por Londres, las bonitas vistas de una estación eléctrica monumentalmente grande que convertirá en un complejo residencial con parque en la azotea digno de los sueños más húmedos de "El Pocero"… Bueno, lo normal aquí, según parece, casi como en casa.

Que se vea que en Inglaterra también saben dar pelotazos como en España

Y nada, mientras escribo estas líneas me estoy desplazando a unos 90KM/h en el piso superior de un autobús de dos plantas observando una bonita vista de la verdosa campiña inglesa con un cielo gris oscuro, como no podía ser de otra forma. Pronto llegaré a Oxford, donde hoy comenzaré mi nuevo trabajo y conoceré el lugar que será mi casa durante un mes… Crucemos los dedos

miércoles, 22 de enero de 2014

El viaje del héroe

"Every heroe has a journey"
Eso decía el trailer de la última película de Batman. El viaje del héroe es la historia más antigua del mundo. En esta estructura narrativa, el héroe es llamado a la aventura tras un desequilibrio en su mundo y cruza el umbral para transportarse a un nuevo mundo donde se enfrentará a duras pruebas, encontrará aliados y enemigos, y se descubrirá a sí mismo en una prueba suprema. Finalmente volverá a casa resucitado y habiendo sido víctima de un profundo cambio interior que le permitirá hacer frente a ese desequilibrio inicial.


Toda esta épica introducción no es más que un adorno para decir lo que la mayoría ya sabéis: que me voy a vivir fuera. Muy pronto seré parte de esa juventud española tan jodida tan aventurera, que, envuelta en una situación precaria y sin futuro en ansias de descubrimiento, viaja a tratar de ganarse la vida conocer sitios nuevos y vivir experiencias.

Así pues, siguiendo la línea argumental, mi aventura empieza la semana que viene y el desequilibrio narrativo viene siendo el que vivimos todos los días, en el que está inmerso la sociedad española y que no tiene mucho remedio por lo que parece. No hace falta que describa el panorama (además no quiero ponerme de mal humor). Tampoco es nada nuevo, no soy el primero en escapar ni seré el último. Muchos ya han vuelto e incluso algunos volverán a irse tras su regreso.

Como primer destino voy a Oxford, donde en la escuela de magia me enseñarán a volar en escoba y a preparar pociones mágicas. Espera, no... eso es de Harry Potter. Voy a Oxford, donde comenzaré mi trabajo en Exient, y allí me enseñarán a programar bien en C y a optimizar el código (espero).

Si todo va bien, un mes después retomaré los pases de embarque y las maletas y me transladaré a Malta, mi destino "definitivo". Por lo poco que sé de ella, Malta bien podría ser un burdel en una roca, un paraíso terrenal o un país ruinoso (o las tres cosas a la vez). Cada uno me dice una cosa. Así que ya os contaré mi versión. Lo que está claro es que es una isla que se encuentra cerca de Sicilia, que fue ciudad de paso durante siglos por su situación geográfica y que tiene buen clima. Allí trabajaré como un descosido por un sueldo no muy impresionante hasta que... bueno... no sé hasta cuándo (parte de la gracia de todo esto es no saber las cosas ¿no?)


Así que nada, por el momento eso es todo. Pero no os preocupéis, ya os spamearé con fotos bochornosas en Whatsapp, y escritos pretenciosos en el blog. Y sobretodo pienso hacer un mapa como esos de Indiana Jones en los que se marcaba con una raya roja el recorrido (siempre he tenido ganas de hacer eso). 

Será divertido, o no.