martes, 28 de agosto de 2012

Una cuestión filosófica

No creo en segundas vidas ni cielos ni infiernos ni nada por el estilo. Cada uno de nosotros somos una amalgama de moléculas que se han ido combinado de una forma curiosa a lo largo de muchos años, dando lugar a células, órganos y todo lo que entrañan estos seres autoconscientes que llamamos humanos. Cuando pienso en la muerte, por un lado creo que no pasa nada, mis órganos dejarán de funcionar y mi cerebro dejará de hacer eso que llamamos pensar y se acabó. Por otro lado, ciertamente me aterra un poco esa no-existencia, me gusta existir y no quiero dejar de hacerlo.

Cada cultura tiene un concepto distinto de alma, aunque
todas coinciden en que es aquello que nos define, y, en
muchas ocasiones, en la creencia de que el cuerpo puede morir,
 pero no el alma.
Tras ver muchos episodios de redes, puedo inferir que si hay algo parecido al alma, es el cerebro. El alma, podría decirse que es lo que nos define, lo que nos diferencia de otros individuos y nos dice quién somos. El cerebro, tras toda nuestra vida de configuración de conexiones entre sus neuronas, gracias al aprendizaje  y a las experiencias vividas, da lugar a una configuración neuronal única que es distinta a cualquier otro cerebro que haya, definiendo así quién somos. Podemos reemplazar cualquier órgano, y seguir siendo nosotros, pero no podemos reemplazar el cerebro. Si se pudiera hacer un trasplante de cerebro a otro cuerpo, seguiríamos siendo nosotros aún con otro cuerpo.

¿Y puede haber dos cerebros iguales? Hipotéticamente, si replicáramos con total exactitud a un individuo habría dos cerebros exactamente iguales, pero en el momento en que sus portadores volvieran a la consciencia serían individuos distintos. Aunque la copia fuera exacta 100%, simplemente por el hecho de que el original estuviera en la cama A, y la copia estuviera en la cama B, ya habrían comenzado a percibir un entorno distinto y su individualidad ya sería un hecho. Dando por sentado que nunca podrían coexistir en el mismo lugar exacto, habría dos personas muy parecidas, pero nunca exactamente iguales. Dos cerebros, dos almas.

Nuestro cerebro es lo que nos define, principalmente
Entonces, ¿cuál es el propósito de esto? El objetivo de la iniciativa 2045, de la que habla ese artículo, es descargar el contenido de un cerebro humano a una máquina, para poder vivir eternamente. Sería como trasladar nuestro alma a un ordenador. Pero desde el punto de vista que acabo de exponer, aunque la copia fuera exacta, siempre habría dos individuos distintos. Ya que tanto la máquina como el cerebro podrían coexistir, el cerebro sigue condenado a la muerte y a la no existencia. Sólo conseguiríamos una máquina que piensa como nosotros en un punto concreto de nuestra vida. Igualmente esto pasa si pensamos en la teletransportación, o cualquier cosa que implique destruir a un individuo para replicarlo de nuevo.

Sin embargo, hablando de esto con mi hermano hace unos días, salió a la luz un dato muy interesante. Las células que forman nuestro cuerpo nacen y mueren y, aproximadamente, cada 10 años, nuestras células se renuevan por completo. El ejemplo más conocido son las células de la piel, que al morir vamos soltando por toda la casa. Y eso mismo pasa con todas las células de nuestro cuerpo. Este hecho quiere decir, que no hay ni un sólo rincón de nuestro cerebro que sea original. Por lo que, técnicamente, cada uno de nosotros ya habría muerto y dejado de existir, con suerte, varias veces. Pero no hemos dejado de existir, o no tenemos esa sensación. No concebimos que dentro de 10 años estemos muertos, ni que lo hayamos hecho hace 10. Para nosotros nuestra vida es continua. Si nuestras células pueden morir y generar un cerebro nuevo sin que dejemos de existir, eso viene a ser lo mismo que trasladar todo lo que somos a una máquina, aunque muera nuestro cuerpo y cerebro. Al fin y al cabo, todo se reduce a una cuestión filosófica. ¿Qué es el individuo? ¿Qué es el alma? ¿Es relevante?



Parece que, en definitiva, la autoconsciencia es un mecanismo más de todos los que tenemos, un módulo en nuestro cerebro (en concreto, se halla en el hemisferio izquierdo, me parece), que nos es útil para determinadas tareas, como el instinto de autoconservación que muchos animales tienen, sin ser necesariamente autoconscientes (una mosca  (probablemente) tiene ese instinto sin ser autoconsciente). Podríamos ser seres sin autoconsciencia, lo que, nos impediría querer vivir eternamente, pero tampoco tendría sentido para nosotros el concepto de individualidad, y no seríamos capaces de entender la diferencia entre una máquina con nuestro comportamiento y nosotros mismos. De hecho, todo nuestro mundo y nuestra sociedad, está basada en la individualidad, y en la autodeterminación.

Junto con otra reflexión que haré sobre el libre albedrío, podremos deducir que nuestra propia naturaleza conspira para hacernos creer a cada instante que somos lo que no somos, y eso nos impedirá siempre ver la verdad. Viviremos en la ingorancia, pensando que existimos como individuos, y que llevamos el control sobre nuestra vida, sin ser así. Y, esto no es nada nuevo, ya hace casi 40 años, la teoría del gen egoísta, proponía que los organismos son simples máquinas de supervivencia para los genes, que son los que realmente llevaban las riendas. Si esto es así, nuestros genes se van a sentir muy decepcionados si finalmente conseguimos vivir eternamente en un ordenador...

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