viernes, 15 de julio de 2011

Causalidades de la vida

Este miércoles me dirigía al trabajo a primera hora de la tarde. Al parar en un semáforo, me fijé en dos chavales de entre 14 y 16 años que estaban charlando alegremente, imagino que ya están de vacaciones. En ese mismo instante, empezaron a pasar por mi mente imágenes de cuando tenía esa edad: las clases de matemáticas con la Concha, el uniforme ridículo del colegio, el "Dulcilandia" donde comprábamos chuches al salir de clase, los primeros botellones, nuestras quedadas en "las plantas"... me preguntaba qué haría si tuviese la oportunidad de volver a esa época, siendo quien soy ahora, y sabiendo lo que sé, pero viviendo de nuevo mi adolescencia, (como en Big pero a la inversa). ¿Haría las cosas de forma distinta? ¿Qué consecuencias traerían los cambios? ¿Sería mejor o peor? Finalmente, el semáforo cambió a verde y continué mi camino hacia la universidad, olvidándome del tema.

Mi madre, de tanto en tanto, por motivos de trabajo visita una editorial de cómics llamada Sins Entido y aprovecha para echar un vistazo al material y quizá comprar algún capricho, en forma de libro o novela gráfica indie. Cuando volví a casa, para mi sorpresa, me comentó que me había comprado un regalo: me había traído un libro manga que le habían recomendado encarecidamente llamado "Barrio Lejano". Aunque al día siguiente era mi cumpleaños, en mi familia no solemos darle mucha importancia a estas cosas y rara vez nos acordamos. En realidad, el regalo se debía a una riña insignificante que habíamos tenido el día anterior, por la que mi madre se sentía un poco culpable.

Esa misma noche, al acostarme, decidí dejar de lado el libro de diseño que estoy leyendo, para leer un par de capítulos del nuevo libro a ver si lograba interesarme. Por una de esas "causalidades de la vida", la línea argumental trata de un hombre que tras equivocarse de tren y volver a su ciudad natal, se encuentra de repente reviviendo su época de adolescente. He de confesar que me emocioné un poco al leer el primer capítulo, cuando el protagonista se encuentra de nuevo con su familia de entonces y no puede evitar llorar de nostalgia delante de todos, dejándoles pasmados. Aunque parezca absurdo, cuando dejé de leer y me preparé para dormir, con toda la mezcla de nostalgia, coincidencia y emoción estaba casi convencido de que me iba a despertar en mi época de colegial. Hoy puedo decir que eso no pasó. 

Cada vez que ocurre alguna circunstancia curiosa de este tipo, incluso siendo todo lo ateo que soy, no puedo evitar preguntarme si hay una razón detrás de todo ello. Me viene siempre a la cabeza el brillante comienzo de la película Magnolia. Cuestión de azar.


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