jueves, 10 de marzo de 2011

Moraleja

Hay días que sabes que van a ser un desastre. A veces sabes que ese desastre va a ocurrir incluso días o meses antes. Y, ¿cómo es posible eso?

Respuesta corta: Porque somos unos listos y pensábamos que el marrón no nos caería a nosotros.

Respuesta larga: Pongamos que uno (y por uno me refiero a mi mismo en tercera persona) trabaja durante 4 meses en un proyecto de software, y los últimos 3 días antes de que se le acabe el contrato tiene que desarrollar una aplicación. Como no tiene intención de renovar y no le queda otra, intenta dejar las cosas terminadas, lo que, con prisas, significa hacerlo mal.

10 meses después resulta que uno se encuentra trabajando en el mismo lugar, y resulta que se va a tener que utilizar esa aplicación. Evidentemente le toca a uno, porque es el que la ha hecho, qué menos. Pero resulta que es en un hospital, y para colmo a contrarreloj. Obviamente uno no se acuerda de nada de lo que hizo, ni remotamente, así que hace lo que todo bicho con al menos 2 dedos y una boca haría en esta situación: cruzar los dedos y rezar por que todo vaya bien.

Pero, claro está, no va bien. Las cosas que uno espera que vayan mal, milagrosamente van como la seda, (milagrosamente porque son las cosas que, precisamente, no dependen del trabajo de uno). Pero las horas pasan y el software de uno no funciona, no sabe por qué, y, como no se acuerda, no es capaz de solucionarlo. Además ni siquiera tiene las herramientas adecuadas para arreglarlo, es como si un albañil de repente necesitara piel de ñu para hacer un tipi. Y lo peor de todo es que sólo uno es el que puede arreglarlo. Total, que a uno le toca cagarse en sí mismo, porque no hay otro sobre quien hacerlo.


Moraleja: Aunque pienses que te has librado de la tormenta, tu casa está construida en el ojo del huracán.

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